¿Se puede hablar de la muerte con una sonrisa, sacarle todo dramatismo y tomar conciencia del tiempo que nos queda para cambiar? Con un punto de partida de un famoso cuento navideño Pepe Cibrian dejo volar su imaginación, capitalizo un momento límite personal y creo un delicioso musical que se ve con gratificación e innegable emoción. Un avaro con el dinero y sin ninguna gratificación personal vive en la sequedad del que acumula dinero como única actividad gozosa. Es un hombre que a ha perdido a su mujer y a su hija en un accidente y decide clausurar su dolor y toda referencia al mismo, a tal punto que no quiere ni conocer a su nieta. Cruel, egoísta, casi autista ante cualquier reacción humana, recibe nada menos que a la parca par torcer su destino.

Quiénes

Autor (Libro y letras): Pepe Cibrian Campoy
Música original: Santiago Rosso
Actores: Pepe Cibrian, Georgina Barbarossa, Gustavo Monje, Damian Iglesias, Belén Pasqualini, Ignacio Monná, Alejandro Gallo Gosende, Rosana Laudani, Diego Bros, Gimena González, Emiliano Oberndorfer
Coreografía: Juan José Marco
Escenografía: Jorge Ferrari
Vestuario y caracterización: Vanesa Bruni
Iluminación: Juan García Dorato
Dirección Musical: Santiago Rosso
Dirección: Pepe Cibrian y Valeria Ambrosio

Dónde

Teatro Astral – Av. Corrientes 1639, CABA.

Por qué sí

Porque con la creatividad de Cibrian Campoy, más la música creada por Santiago Rosso, hay una síntesis perfecta donde brilla el género musical, momentos emotivos, pero también la irrupción de la locura circense que aliviana el dramatismo del tema, sin sacarle emotividad. Lo oscuro se nutre del humor, el color, la esperanza y se transforma en una verdadera fiesta. Pepe se subió de grande a los escenarios y se luce con un personaje a su medida. Georgina Barbarossa derroche vitalidad, alegría, dotes para la comedia brillante como capitana oscura de su troupe. Y el resto del elenco, junto con los músicos y los demás rubros técnicos redondea un espectáculo que el espectador agradece. Una reflexión que no se basa en el tiempo perdido sino en el que nos queda disfrutar, nada menos, y eso aporta su cuota filosófica sin más pretensión que la sabiduría del tiempo vivido.

En primera persona

Pepe Cibrian

Fragmentos de la obra

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