LUZ MALA

Carlos Kbal construye con ternura y afecto por el entorno en que se desarrolla la película, una ópera prima que pone en relieve los vínculos amistosos, y esa credulidad genuina que prefiere la fabulación a la realidad. Porque no es cuestión de afirmar, como lo dice un personaje  que los ovnis solo se caen en los Estados Unidos. ¿Por qué no en los Esteros del Ibera? Una pregunta de respuesta afirmativa para los protagonistas, dos chantas y sobrevivientes, que tiene un programa de radio sin anunciantes, que ven la oportunidad de debutar en la tele con la novedad extraterrestre. El director reconoce que se crió con las tradiciones y cuentos orales correntinos, y que de chico iba con su papá a escuchar a los famosos Fabio Zerpa y Pedro Romaniuk, a esta altura oradores legendarios del más allá y el más acá  de las estrellas y los visitantes intergalácticos. Esos que los protagonistas Jorge Román y Horacio Fernández, junto a Giselle Motta persiguen  con ahínco. Un film con delirios,  buenos climas, humor y compasión.


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